El Programa Salto cumplió cuatro décadas de trabajo en red y cercanía con la comunidad
Declarado de interés departamental y con la mayor cobertura del país, el Programa Salto cumplió 40 años de servicio a la comunidad.
Con un espíritu integrador, colaborativo y de cercanía, desde sus comienzos en la década del 80 logró posicionarse como un referente a nivel departamental, haciendo que la comunidad recurra al apoyo de sus centros y a la asesoría de sus equipos.
“Trabajamos con otros para dar garantías a los niños, las niñas y los adolescentes. Sin un trabajo en red, no se hace nada”, sostuvo la directora del Programa Salto, Nancy Borghi, quien ha acompañado el proceso de crecimiento departamental y forma parte de la organización desde hace 20 años.
“Aldeas tiene un lugar en Salto, está muy bien posicionada y reconocida por la población y también por otras instituciones”, valoró Borghi.
Un actor clave del Sistema de Protección con amplia cobertura
Para Borghi, el Programa Salto destaca dentro del Sistema de Protección, por la Política de Salvaguarda Infantil y Juvenil que transversaliza la tarea, el énfasis constante en la formación de su personal, la búsqueda de evidencia por parte de los equipos para respaldar sus intervenciones y la consolidación de una red de aliados que contribuyen al sostén de la organización.
Se distingue además por su amplia cobertura. El Programa brinda protección a más de 700 niños, niñas, adolescentes y jóvenes, y ofrece acompañamiento a más de 500 familias.
En ese sentido, no solo es el Programa de Aldeas Infantiles SOS Uruguay con mayor cantidad de participantes, sino que también “es el programa más grande que hay en el departamento en convenio con INAU”, sostuvo Borghi.
El Club de Niños: una experiencia clave con fuerte arraigo comunitario
De todos los departamentos donde la organización tiene presencia, Salto es el único que cuenta con un Club de Niños. Desde su apertura en 2007, el Club recibe participantes a contraturno del horario escolar y se ha consolidado como un centro de referencia.
“Comenzamos teniendo 50 participantes y después, lentamente, ampliamos la cobertura”, recordó Borghi.
Para la directora, la propuesta pedagógica, que se adapta a los intereses de los niños y las niñas, es ampliamente valorada.
Desde su apertura, los equipos del centro han construido relaciones de confianza, siendo referentes de vecinos/as, familias e incluso exparticipantes que, tras los años, retornan con dudas o simplemente para saludar, demostrando un fuerte sentido de pertenencia. El equipo responde con compromiso y proactividad, ocupando un rol crucial en la detección de situaciones de violencia y en la protección de los derechos de las infancias.
Para Borghi, la experiencia fue tan positiva que podría apostarse a la apertura de un Centro Juvenil que responda a las necesidades de jóvenes de la localidad.
El desafío de formar liderazgos y abrirse a la comunidad
“El trabajo de Aldeas Infantiles en Salto impacta directamente sobre las infancias, adolescencias y sus familias”, sostuvo la directora, quien valoró el acompañamiento de la organización a nivel afectivo y educativo, en materia de salud mental y en el plano laboral, facilitando las primeras experiencias de trabajo de sus participantes.
El Programa mantiene un foco claro: crear entornos seguros donde se prioricen la afectividad y el cuidado, y donde los equipos se “pongan a la altura o en el lugar de los niños” para dar las mejores respuestas. En ese camino, se promueve la voz de los/as participantes y se los/as motiva para que sean “agentes multiplicadores de derechos”.
Además, a través de distintos proyectos, desde el juego o con una premisa educativa, se fomenta el liderazgo, la convivencia, las ganas de aprender y el desarrollo de capacidades. “Se busca que ellos puedan encontrar cuál es su fortaleza para poder hacer diferentes cosas e integrarse a distintos espacios”, explicó Borghi.
Con ese norte, los niños, las niñas y los/as adolescentes se convierten en protagonistas: colaboran en merenderos, realizan juegos junto a talleristas y llevan el disfrute a zonas de mayor vulnerabilidad. “Logramos que ellos puedan brindar cosas positivas a otros”, destacó la directora, subrayando que estos espacios se transforman en instancias reparadoras.
Finalmente, Borghi señaló que se ha trabajado fuertemente en abrirse a la comunidad y orientar el cuidado residencial a casas integradas en los barrios. Aunque el desafío es grande, el fortalecimiento de alianzas, el diálogo con el Gobierno local y la articulación institucional que ha potenciado el Programa en los últimos años, permiten afirmar que este objetivo, “sin dudas”, va a lograrse.
