28 de Mayo del 2026

Protagonistas de su historia

Las niñas, los niños y los/as adolescentes que participan de los distintos programas de Aldeas Infantiles atraviesan, a lo largo de sus vidas, cambios de hábitos, de rutinas, incluso se enfrentan al desafío de adaptarse a una nueva familia. En ese camino, trabajar la construcción de la identidad se vuelve necesario para su desarrollo.

Niño o niña con álbum de vida. Imagen ilustrativa.

“¿Quién eligió mi nombre? ¿Qué canciones me cantaban? ¿Cómo era de bebé?”. Estas son algunas de las preguntas que niñas, niños y adolescentes comienzan a hacerse mientras construyen su identidad y que nuestros equipos intentan responder trabajando junto a ellos/as con un álbum de vida.

Esta herramienta se emplea en el marco del proyecto “Construyendo mi historia”, que tiene su origen en Brasil. Está vigente en Uruguay desde 2014 y fue relanzada recientemente en nuestros programas. El objetivo es que cada participante de Cuidado Alternativo pueda ponerse en contacto, conocer y registrar su historia de vida, pegando fotos o documentos y escribiendo recuerdos.

“Constituye una memoria tangible de su propia historia”, explicó el director programático de Aldeas Infantiles, Samuel Diogo, quien lidera la iniciativa.

Un objeto que perdura y sostiene

La propuesta toma al álbum como una herramienta de trabajo y también como un objeto significativo, mediante el que cada participante puede reconstruir su historia a través de un proceso creativo, individual o colectivo.

Según Diogo, “la construcción de la identidad es algo que atravesamos todos como seres humanos que vivimos en sociedad”, pero quienes forman parte del Sistema de Protección y han visto vulnerados sus derechos “enfrentan dificultades extra”. Muchos/as participantes deben recomponer su historia mientras atraviesan separaciones familiares, derivaciones a distintos centros, procesos de reintegro o experiencias de convivencia con nuevas familias.

Por eso, sostuvo que “las permanencias son muy importantes” y que contar con un material que los/as acompañe en esas transiciones es clave para alivianar el proceso. “El álbum tiene un gran valor simbólico. Acompaña a los participantes a lo largo de su historia y en cambios que muchas veces son muy difíciles. Niños muy pequeños se llevan el álbum y lo comparten con las familias adoptivas. También se lo han llevado cuando se concreta un reintegro familiar”, consideró.

Una proceso continuo y orientado al futuro

La construcción de la identidad es un proceso continuo: cuando una niña, un niño o un/a adolescente es separado/a de su familia no se produce un corte abrupto en esa construcción.

“Cuando ingresan al Sistema de Protección, su vida continúa y su identidad sigue en proceso. Es necesario trabajarla teniendo en cuenta esas continuidades. No es posible construir la identidad sin el procesamiento y reconocimiento de la propia historia”, afirmó Diogo.

Si bien pueden distinguirse algunos aspectos más estáticos de la identidad (como el nombre, ciertos rasgos de nacimiento o elementos construidos en el entorno familiar y social), también existen componentes dinámicos, vinculados a la proyección hacia el futuro. Por eso, el trabajo con los álbumes también invita a los/as participantes a pensar qué quieren hacer, qué les gustaría estudiar o cómo imaginan su vida más adelante.

La propuesta resulta enriquecedora en múltiples sentidos: fortalece vínculos, aborda la historia de vida desde un enfoque amigable, fomenta la proyección a futuro y pone en valor la singularidad de cada participante.

Acompañamiento y búsquedas de gran valor

Responder a las preguntas de las niñas, los niños y los/as adolescentes implica un trabajo exhaustivo de búsqueda y reconstrucción de información por parte de los equipos técnicos.

“Es nuestra responsabilidad y nuestro compromiso acompañarlos en el reconocimiento de su propia historia y en la posibilidad de completar las piezas de esos rompecabezas”, explicó Diogo.

Muchas de estas inquietudes aparecen durante la adolescencia, aunque el acompañamiento se realiza contemplando la autonomía progresiva, es decir que la información se comparte de acuerdo con la comprensión y la etapa de desarrollo en la que se encuentra el/la participante.

Trabajar la historia de vida y la identidad no solo responde a una necesidad para el desarrollo integral, sino que constituye un derecho de niñas, niños y adolescentes. Así lo establece la Convención sobre los Derechos del Niño, que reconoce el derecho a la identidad, y también las Directrices sobre las modalidades alternativas de cuidado de los niños de Naciones Unidas, que destacan expresamente la importancia de contar con un álbum de vida.

Si bien hay metodologías guía para trabajar con esta herramienta, los equipos técnicos pueden abordarla desde distintas consignas, facilitando materiales para que cada niña o niño le otorgue su impronta.

Mientras atraviesan diversas transiciones de cuidado, las niñas, los niños y los/as adolescentes continúan creciendo, explorando quiénes son y consolidando su identidad. Es por esto que un trabajo consciente sobre su historia y su individualidad es un proceso clave para su autoestima, su bienestar integral y su proyección hacia el futuro.

 

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