Programa Florida

Feature

Puertas abiertas

Casa para adolescentes con requerimientos especiales en el programa Florida.

A pocas cuadras del centro comercial de la ciudad está la casa. Por la fachada no se adivina su dimensión. Amplia, luminosa, con dos plantas, un parrillero y un patio interno. En la sala de estar resaltan la mesa de ping pong, el arbolito de Navidad recientemente armado y una cartulina en la pared con manos azules, rojas, amarillas y violetas que se entrelazan. La diversidad, esa característica tan humana y fundamental, es la que se entrelaza.

Esta casa es y no es una casa común. Sí tiene rutinas y horarios, como cualquier otra, pero a la vez es parte de un proyecto original que pretende brindar respuestas adecuadas a adolescentes con necesidades especiales.

Surge como iniciativa al detectar que había niños, niñas y adolescentes que participaban del servicio de Acogimiento tenían requerimientos que no se ajustaban a la convivencia en la aldea o en las casas en comunidad.

“Las casas en la aldea se caracterizan por ser heterogéneas en edad y con una rutina para la media. Es por eso que se necesitan implementar rutinas y reglas diferentes que tengan en cuenta las necesidades y que contemplen que puedan surgir crisis o situaciones delicadas”, señala Verónica Burstin, coordinadora de Desarrollo de Capacidades del programa Florida.

El proyecto tuvo varios antecedentes. En 2014 se implementó el proyecto Chacra, en una casa a 17 km de la ciudad, elegida principalmente porque contaba con espacio para realizar talleres de huerta. Sin embargo, la lejanía con la ciudad motivó a que se armara una nueva casa en el centro, a la que se llamó Retorno. En 2017 se concretó Casa Abierta.

Este nuevo proyecto, conveniado con Inau, tiene como objetivo brindar atención personalizada a través de personal calificado mediante la implementación de estrategias no estigmatizantes que fortalezcan las habilidades sociales, potencien la autonomía, habiliten la participación y aseguren un abordaje terapéutico integral.

“Hay veces en que la derivación a las clínicas de atención a problemáticas psiquiátricas agudas o a hogares de medio camino* no siempre es la mejor respuesta. Esta es una propuesta en una casa en la que se establecen rutinas, hábitos y límites”, comenta Burstin.

Contempla una coordinación general, tres turnos de operadores con un/a asistente (en la casa siempre son por lo menos dos personas, ya que los dispositivos especiales no pueden tener un/a único/a referente), cocinero/a, auxiliar de servicio, psiquiatra, talleristas, trabajador/a social, psicólogo/a y enfermero/a.

El operador es quien liderará el turno. Se encargará de distribuir las tareas, de controlar que estén prontos los materiales para cuando haya un taller, de visibilizar las situaciones y comunicarlas. Por otra parte, la figura encargada de la coordinación tendrá tareas más generales, que implicarán, por ejemplo, el nexo con la supervisión de Inau, participar en los procesos de elección de técnicos y controlar que las propuestas de atención individual estén prontas. Actualmente se trabaja con dos referentes de cuidado y un operador social, y se está en proceso de selección del resto del personal.

“A ellos les encanta ir a las fiestas de la escuela y del liceo. Buscan que vos los estés mirando. Es fundamental para ellos”, comenta Elizabeth Borda, referente de cuidado de la casa.

Borda trabajó durante 22 años en una policlínica y desde hace dos años trabaja en la organización. Primero fue referente de cuidado en la Aldea, luego en la casa Retorno y finalmente se incorporó a este proyecto. Asegura que su formación como enfermera y su experiencia en la salud le brindaron herramientas para trabajar con adolescentes que tienen patologías. Además, comenta que es muy rigurosa con las rutinas y los límites, y que eso a la vez fortalece el vínculo afectivo, porque es una forma de dar contención y cuidado.

En la casa viven 7 varones, de entre 10 y 16 años. Van a la escuela, al liceo, al Centro Juvenil, a Cecap (Centro Educativo de Capacitación y Producción). Uno de ellos recibe en la casa a una maestra de aula hospitalaria* dos veces por semana. Dados sus avances, el año que viene va a comenzar a ir paulatinamente a la escuela.

Los adolescentes también participan de otras actividades, como talleres de manualidades y de percusión, practican fútbol y piscina, y todos concurren a equinoterapia**. Además, colaboran en las tareas del hogar, como la limpieza y la cocina, hacen mandados y visitan a sus familiares asiduamente. La integración social y la posibilidad de brindar herramientas para una posible vida autónoma son centrales en el proyecto.

“El objetivo es brindar una respuesta acorde que los ayude a desarrollarse”, agrega Burstin.

 

*Aula hospitalaria: Proyecto creado en 2008 por el Consejo de Primaria y el Ministerio de Salud Pública para que niños y niñas que están internados/as o que no pueden concurrir a la escuela por motivos de salud no pierdan el vínculo educativo.
**La equinoterapia es un tratamiento complementario que recurre a actividades con caballos con el objetivo de fomentar la integración y alcanzar una mejor calidad de vida. Está especialmente orientada a personas que tienen algún tipo de discapacidad o necesidad especial, ya que influye positivamente en su desarrollo cognitivo, físico, emocional y social.